
Todos han pecado.
Romanos 3:23
“Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios;”
La respuesta de la Biblia
Cinco versículos. Cuatro verdades. Una respuesta.
Lee estos versículos. La Biblia habla por sí misma.

Romanos 3:23
“Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios;”

Romanos 6:23
“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Romanos 5:8
“Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Juan 3:16
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Romanos 10:9
“Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
Abre un tema para leer una breve explicación.
El pecado no es solamente un error ocasional. Es nuestra rebelión contra Dios en pensamiento, deseo, palabra y acción. No hemos amado a Dios ni a los demás como debemos, y nadie alcanza la norma santa de Dios.
El pecado trae la muerte física y nos deja culpables ante Dios. Sin Cristo, conduce al juicio final —la «muerte segunda»— bajo la justa condenación de Dios.
Jesucristo es el Hijo eterno de Dios que se hizo verdaderamente humano. Vivió sin pecado, murió en lugar de los pecadores, fue sepultado y resucitó corporalmente de entre los muertos.
La salvación es un regalo de Dios. La moralidad, la religión, el bautismo, la asistencia a la iglesia, la generosidad y la reforma personal no pueden borrar nuestra culpa ni ganar la vida eterna.
La fe salvadora es más que aceptar que Jesús existió. Es confiar en Jesucristo —en quién es y en lo que ha hecho— como tu único Salvador y Señor. El arrepentimiento es volverse del pecado a Dios.
Ninguna fórmula de palabras salva. Jesucristo salva. La oración es una manera natural de confesar tu pecado, invocar al Señor y expresar arrepentimiento y fe en él.
Tu seguridad descansa en la obra terminada de Cristo y en la promesa de Dios, no en la intensidad de tus sentimientos ni en la elocuencia de tu oración. Jesús prometió no echar fuera a nadie que venga a él.
Comienza a leer el Evangelio de Juan, ora con sinceridad, dile a un cristiano maduro que estás confiando en Cristo, intégrate a una iglesia local fiel y sigue a Cristo en el bautismo y el discipulado. Estas acciones no ganan la salvación; son el comienzo de una vida con Cristo.
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